Han llegado los tres tomos del taller de Miguel d'Ors. No sabía que existían estos libros, que podía disfrutar de su poética y diario. Hoy sin falta empieza otro julio, otra conversación.
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Me gustan los diarios del Hermano Roger: son una mezcla de verdad y propósito. Le urge, con la prisa de Dios, la unidad de los cristianos. No entiendo esa inquietud pero aprendo mucho leyéndola. El rincón de cada uno está repleto de misión.
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Está el taller lleno de lecturas pendientes. Una misma persona va de Boecio a Pérez Galdós, pasando por el cardenal Newman. Siempre tengo el propósito de limitarme a un sólo libro, pero eso son propósitos.
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En tierras de Aragón, me pasa lo mismo en Castilla con Isabel, pienso en Fernando el Católico: sus ríos, sus gentes, este paisaje que también era el suyo. Reinar lo de uno es la fragua.
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La vida sigue rampante, pasea y nos lleva a todos descompasados.
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Leo autores que hablan entre sí, tienen temas pendientes de conversación, sin tiempo y espacio para conocerse. Han pensado de forma similar sobre algunos asuntos: uno lo hace de forma sintética, en apenas un párrafo; otro le dedica al asunto, con similar conclusión, un capítulo. Luego están las historias con la donación de la vida de sus personajes. Varios autores hablando y yo leyendo.
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Es el gorrión perfecto, por eso le he escrito un poema en el día de Santiago Apóstol.
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He de encontrar un lenguaje más original, es decir, menos contemporáneo. Escapar de las obligaciones temáticas y formales de mi tiempo y entrar en comunión con el Verbo: fuente de verdadera literatura, amigo verdadero del poeta.
