Todo dice Tabor: los almendros, el propio marzo, la pólvora, el sol a ratos del frío. Todo promete.
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Me gusta pensar que rendimos plazas sin saberlo, en la labor de cada día, sólo con presencia, a veces sin atención. Al menos rendimos plazas minúsculas de pueblos donde nadie vive, conquistas personales, citas a ciegas donde nunca sabremos si ha servido de algo subirse al caballo con todo el contramundo dentro.
