viernes, 26 de diciembre de 2008

Noche de cigarros

Quizá se fume para equivocarse. El ser humano entabla una hipnótica relación con todo aquello que posee humo: el café, el fuego, el cigarro,... Con el calor, con todo aquello que se consume. Para lo eterno siempre habrá tiempo. Uno puede permitirse estar solo con la compañía de un cigarro.
Quizá se fume porque tienes miedo a algo. Podría ser una necesidad encubierta de hacerse daño a uno mismo, para consumir la persona que está dentro de ti. Siempre hay un mismo cigarro pero distintas personas.
Quizá un cigarro no deja de ser una antorcha, una vela que enciendes durante cinco minutos para pedir ayuda. Una cerilla con la que encender una pena, la melancolía o revivir esa tarta de cumpleaños.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Hojas sin nombre

Un examen, una redacción o una suma. Para todo eso pedían que sacáramos una hoja y pusiéramos fecha y nombre. Luego a entregarlo y esperar que, una vez ya evaluado, dijeran en alto a quién le tocaba levantarse a la mesa de la profesora. Y al final del todo esas hojas sin nombre. ¿De quién es ésta?, preguntaban. A veces eras tú, a veces no. No dependía de la autoestima ni de querer evitar una mala nota. Esos descuidos se almacenan en unos años en los que apenas importaba ser despistada.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Las segundas partes siempre fueron inevitables

Llevo noches -insomnio- dándole vueltas a volver. Retomar el principio, ahora que todo vuelve a empezar. Abro esto a oscuras, de noche, como si estuviera entrando a robar en mi propia casa. Es un volver a regañadientes, porque me puede la vanidad y la necesidad de expresión. Yo no tengo libertad todavía. "Habría que pensar qué quiero hacer con este local que me he comprado", me digo mí misma. Pintar, decorar, redefinir,... Pues nada de eso.
Abramos la puerta, pues, a ver quién entra y me dice quién soy.

viernes, 13 de junio de 2008

Grietas

La mesa es redonda. La habitación estaría a oscuras si no fuera por una ventana, imposible de cerrar del todo. La penumbra esconde dos sombras cuyas piernas descansan debajo del mantel. El bebe de un vaso, ella de una taza. Ambos miran absortos hacia una habitación con la puerta sellada. No entrecruzan nada, ni miradas, ni manos, ni pies. No hay silencio, la calle y ellos están llenos de ruido. Esa puerta blanca es un punto negro en donde la luz proyecta sus envejecidas siluetas. Un reflejo que no testifica las grietas de las manos. Él se levanta a la vez que da la vuelta al retrato, y sin mirarla, le pregunta:
-¿Y ahora qué?

El camino de la indecisión

Está lleno de calles, de salidas y de entradas. Hay ofertas y productos de calidad. Por supuesto, te encuentras sueños cadas dos por tres, modelos que quieres imitar. Ah, y envidia. Hay personas que no conoces cuyas opiniones te dan pavor. Las de aquellos que te quieren van más allá y te paralizan. Es este camino también hay un banco para sentarse y deliberar. Hay agua y zapatos que no evitan el dolor de pies. Suspiros, frío, ausencia de chaquetas. Nombres de personas en el cerebro. Llamadas telefónicas como trampas que hacen los niños pequeños. Situaciones hipotéticas un millón. A veces creo que todo el mundo pasa por mi cabeza porque el camino de la indecisión soy yo.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Recuerdos

Lo he recordado cuando volvía andando. Pero la mente juega malas pasadas, y una vez en casa sabía que había recuperado una parte de él, pero olvidé cuál. Empecé a repasar todo, lo poco que me queda. Sin embargo, ese relámpago de hacía un rato se me resistía. Ha llegado por fin, tras escudriñar su figura.

Un pañuelo blanco. En ocasiones con rayas marrones o azules. Ahora nadie repasa al salir de casa si lleva su pañuelo en el bolsillo como lo hacía él. Me lo ofrecía, siempre. La misma tela secaba lágrimas, limpiaba mofletes y sonaba los mocos. Ahí se quedaba lo que me había hecho daño. Y doblando el pañuelo en un pliegue imposible devolvía la tranquilidad. Todo se secaba dentro de su bolsillo.

He topado en alguna ocasión con esos pañuelos. Había más de uno, amontonados, con hilos sueltos. Faltaba su mano detrás de ellos.