martes, 13 de enero de 2009

Verdad

Existen las verdades de hospitales, las de los "te dejo" y "te quiero" y alguna otra más que se me escapa. El resto son mentiras, exageraciones, bromas y formas de matar o enriquecer el tiempo de la vida. Las verdades son inconfundibles porque te secan la boca y te descomponen el cuerpo. Logran que los planes se detengan. Ya no sirve el "un, dos, tres", ni el "a, be, ce, de". La verdad es un hormigueo en las piernas que quieres acallar fingiendo estar serena en tu silla, como si nada ocurriera. Pero las piernas, que son más honestas que el corazón, te avisan de que lo que en el fondo deseas es salir corriendo. La verdad es más contundente cuanto más nos esforzamos en fingir que aquí no pasa nada. A veces dicen que la verdad no existe. ¡Vaya si existe! Que se lo pregunten a quienes esperan los resultados de una prueba médica, o a quienes ven marcharse a la persona que lo era todo. Que también le pregunten al enamorado correspondido. El problema es que verdades hay pocas.