sábado, 28 de marzo de 2015

Faena

Ahora que no se llevan los cuernos -los de los toros- una se imagina embistiendo a todo aquello que le aparta del espejismo de su imaginación. La plaza es la vida, el animal tozudo y la testa revolotea, picando el aire con hueso mientras señala al cielo, de izquierda a derecha. Ya no recuerdo las veces que me han toreado. Hay tardes que sangra el lomo y llegan banderillas como collejas. Llama cada día el clarín y salgo con la dignidad de la mañana. Empieza la fiesta, dicen. Y una se pone brava. 

2 comentarios:

miguel angel herranz martin - caro dijo...

Y que no te saquen nunca de la plaza.

Un saludo !!

Ana dijo...

Estamos pringados hasta las cejas, me temo. Gracias por la visita. Muchísima fuerza!!